Como los extraño

Solidaridad y amistad profunda

Hace un tiempo que las historias y las vivencias me traen a la memoria a mis amigos de la calle más fieles, más dulces y más sensibles.

En la calle, actualmente, por lo menos aquí, en la zona, ya no estoy viendo esos perfiles de personas, los que sufren de penas, de alcoholismo, de otras adicciones, pero cuidan su alma y su anhelo de justicia. Muchos de ellos tienen la capacidad de salir, pero el no poder manejar sus miedos, sus penas, y sus huesos que ya están desechos, que no pueden pararse firmemente con su espíritu.

Aunque, que con todo lo deshumano que es la calle no perdían su humanidad, su espacio para comprender el amor desde una profundidad que es muy difícil de salir. Generalmente, eran personas adultas, ya pasados los treinta y pico. Que se aferraron a mí y a la familia de la calle, como su casa. Que comprendían el valor de una reunión, una asamblea, lo justo desde un nosotros, el oponerse a la violencia y la injusticia pese a estar rodeados de ella.

Se fue una parte de la historia, hoy estamos como en otra época. Todos fallecieron. Se produjo un vacío. Una ausencia en la comunidad de la calle. Aparecieron nuevos actores de sectores un poco más pudientes, con y sin adicciones, que cayeron en la calle. Pero su individualismo desborda y es notorio, y su anti, que marcan a los más marginados que tienen problemas como: “ellos los xxx”. Todavía xxx no tienen un nombre. Creo que adelante mío no se atreven a ponérselos. A todos, uno les da amor, afecto, escucha y el abrirse a compartir.

Hay un ciclo, cuando las personas sensibles y justas, por las adicciones y todo aquello que les tiene aprisionados y uno no hace a tiempo para que ellos las desanuden: ellas se acercan más, pero al mismo tiempo sus irracionalidades y actos que parecen incomprensibles aumentan, los caprichos se vuelven frecuentes tanto como sus contradicciones. Pero siempre, detrás hay una bondad, un amor sincero. Luego viene lo más duro, que al necesitar su cuidado médico, los hospitales no tienen un lugar para ellos. Terminan dentro del hospital, pero en los márgenes. En una guardia preparada especialmente o en cubículos (ya mucho antes de la pandemia). Te vi con tubos, apenas luchando por respirar, por vivir, y vi el madero de una sociedad injusta. Que no te pone títulos de rey, porque ni siquiera te ve.

Acerca de Gustavo Reimondo 18 Articles
Coordinador de la editorial Tecnología Humanizada. Coordinador del proyecto Realidad Empoderada. Miembro del grupo: "La familia de la calle", organización conformada por personas indigentes y no indigentes en una relación igualitaria. Coordinador de proyectos de Infraestructura Física de Telecomunicaciones. Experto en Robótica, Instrumentación & Control, IoT, Sensórica y sistemas microcontrolados.

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