Imagen de carácter ilustrativo.
Una hermosa juntadita mañanera que, entre cafés con leche y criollitos, se transformó en un espacio de intercambio, reflexión y aprendizaje colectivo. Entre Gustavo (Jugo Loco) y algunos amigos de familia de calle.
A partir de las experiencias de la familia de calle, surgieron debates sobre la institucionalización, las relaciones de poder, la espiritualidad, el compromiso comunitario y nuestras propias maneras de entender el mundo. También aparecieron preguntas sobre el ser y el estar, sobre cómo nos relacionamos con los demás y sobre la posibilidad de transformar nuestra realidad.
‼️Una conversación que muestra cómo, desde una experiencia marginal concreta, se construye pensamiento crítico y se desarrolla una praxis espiritual, política, educativa y comunitaria, sin separar la reflexión de la vida cotidiana.
Hermosa juntadita mañanera – Debates, educación y reflexión
Anteayer le había prometido a Grillo pasar a buscarlo para ir a tomar un café con leche con criollitos al McDonald’s. Nosotros estamos muy agradecidos con esa sucursal de McDonald’s y su trato preferencial para los ancianos y las personas en situación de calle.
Estuve dando vueltas buscándolo. En eso, siento que me llaman. Era Gustavo, que estaba con una caja de pizza que le había sobrado del día anterior. Me siguió hasta donde estaba durmiendo. De allí, los tres nos fuimos a desayunar al McDonald’s.
Con Grillo, le hablamos claramente a Gustavo sobre todas las oportunidades que le dimos y cómo no apareció para estar unidos en casa, como familia de calle. Le explicamos que pensábamos que él era un «paracaidista». En nuestra jerga, significa una persona que llega a una comunidad/ranchada/grupo y no toma compromiso. Digamos, alguien que aprovecha alguna oportunidad momentánea. Le hicimos una introducción sobre lo que significa estar en familia de calle.
Luego comenzamos a charlar. Grillo estaba indignado por la venida del Papa a Argentina. Él pensaba que era una persona con poder y comodidades, etc., que el Papa no es una persona que esté con la gente. Acá, con nosotros… Que por eso no lo consideraba una persona que realmente pudiera hacer un cambio honesto. Que no conoce nuestra realidad, que viene de afuera. Que con Milei iba a ser un encuentro de poderosos.
Eso dio pie para hablar sobre lo que es la «institucionalización». Cómo se construyen las instituciones. Cómo también se alejan de ciertas premisas originarias y cómo su misma estructura les hace difícil cambiar. Pero que, pese a todo eso con lo que no podemos estar de acuerdo ni aceptar, no cabía duda de que el Papa podía mostrar y denunciar las injusticias que se viven en nuestro país. Y que eso era algo muy bueno.
Hubo mucho intercambio de ideas basadas en una realidad marginal.
Él veía mal a las personas que vienen a querer ayudar (expresado en forma simplificada) desde afuera. Es muy entendible, muy de familia de calle. Pero les conté sobre algunos pastores norteamericanos que vinieron a Latinoamérica y la sintieron como tierra propia, haciendo comunidad de base. Que realizaron aportes a la teología de la liberación desde el compromiso con los pobres y los oprimidos, como hermanos en comunidad. Les conté la historia de Martín-Baró, su asesinato. De origen español, que, desde el trabajo en comunidad de base, trabajó sobre un concepto de psicología basado en nuestra realidad latinoamericana y que, por lo que decía y hacía, fue asesinado, junto a otros ocho curas, una mujer y una niña.
De paso lo interpelé: ¿Y Jugo Loco? ¿Nació en la calle? ¿Vivió en la calle? ¿Y es familia de calle?
¿Qué decidimos en el Obelisco en nuestra primera asamblea (juntada, pero asamblea al fin) con respecto a si una persona de afuera quería ayudar? Decidimos que primero tenía que hacerse amigo, formar parte de la ronda. Como amigos iguales, y luego, libremente, hacer lo que correspondiera dentro de su rol o profesionalidad. Le dije:
—¿Ves? Es como hicieron esas personas: vinieron a Latinoamérica, la sintieron su tierra y su gente, hicieron comunidad de base con los pobres y los marginados y, desde allí, defendieron los derechos de esas personas.
Hablamos sobre el centralismo y la jerarquización, y lo comparamos con nuestra cotidianeidad y la toma de decisiones en la familia de la calle. Como asamblea, con sus particularidades.
Grillo cambiaba entre dos ideas: por un lado, que el mundo ya estaba quemado y destruido, y que iba para el mal; y por otro, la idea de verse él mismo allá arriba para cambiar las cosas.
—¿Vos querés entonces ser como el Papa? Vas a tener que deshacer toda esa estructura jerárquica. Está claro que nosotros no estamos de acuerdo con toda esa institucionalización, las riquezas, etc., pero no podemos negar que el Papa va a venir e interpelará las injusticias de Milei.
—¿Buscás un Dios que está en el cielo, allá lejano, desde donde nos juzga? ¿O un Dios que está entre nosotros, en nuestras relaciones, nuestros sentimientos de familia de calle? —les dije.
Le expliqué lo que implicaba su pensamiento de que este mundo estaba acabado. Le pregunté entonces para qué quería hacer familia de calle. Que eso que decía nos llevaba a pensar que, como todo está acabado, ¿para qué hacer algo? Es como lo que piensan las demás personas que están en situación de calle y no quieren saber nada con hacer comunidad y tratar de volver a la vieja manera donde todos nos ayudábamos y cuidábamos. Solo les interesan ellos, y nada más. Martín-Baró enseñó que ese tipo de pensamiento lo teníamos muy arraigado los latinoamericanos, y que son pensamientos que se instalan desde arriba para que nada cambie nunca. Y nosotros lo repetimos, dañándonos a nosotros mismos, al considerarnos incapaces de cambiar algo.
También hablamos sobre el «ser» y el «estar». Sobre cómo debíamos tener cuidado con el «YO SOY», porque entonces el otro parece que no es. Los interpelé con algunas ideas e identificaciones a través de las cuales las personas en situación de calle se sienten superiores. Todo un tema que desarrollamos en profundidad, con algunos ejemplos históricos.
Concluimos que nosotros «estamos en familia de calle». Estamos presentes en comunidad, desde lo afectivo, ayudando a quien lo necesita, cuidándonos, etc.
Las charlas siguieron un poco más. ¡Hicimos dos rondas extra de café con leche gratis!
Esta es una narración de Gustavo, sobre uno de los encuentros con con sus amigos.
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